Y por eso, al ocurrir algún suceso inesperado (llámese el limosnero que entra al colectivo, el taxista que casi hace que nos estampemos, etc.), salen volando un par de pensamientos gaseosos que terminan por convertirse en diálogos efímeros con mi otro yo.
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No, si yo nunca dije que no lo haría
Pero lo pensaste
¿Y qué? También he pensado en la inmortalidad del cangrejo y no por eso soy un psicópata, ¿o sí?
Yo no se nada
¿Por qué no me sorprende?
Porque me conoces. Me asomo cuando me das la espalda; me aparezco en tu espejo cuando acabas de bañarte y te limpias las lagañas con jabón. ¿Lo recuerdas?
¡Ya sabia yo que ese no podía ser otro más que tú! Casi me muero del susto cuando estornudé y me dijiste Salud con aquellos huevos que pensé que eras un ratero muy cortés.
Ya ‘ta bueno, no te enojes.
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A veces eso sucede. ¿Qué no?